Yoga y Vida – por Durga Ma

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Y compré la libreta. Lo hice con la finalidad de escribir sin restricción, sin editar ni controlar lo que fluye desde mi alma hacia otras almas. Hace muchos años que escribo historias cortas, cuentos y remembranzas…

Mi ahora…el presente de 60 años recorridos me ha invitado otra vez a resonar letras en los ojos de otros.

Iré colmando las hojas de esta libreta azul adornando ideas y recuerdos con amor, creatividad, certezas, alegrías, nostalgias, recetas, olores, aire, movimiento, baile, canto, mandalas, telas, pintura, especias, plantas, deseos, sapiencia, frases.

El tema que nos convoca en Shanti es el Yoga.

Hace muchos años supe, por referencia, de la existencia del Yoga y hace 21 años comencé a asistir a A.E.A. (Asociación Escuela de Autorrealización) grupo - Quito, lugar de mi residencia en otro tiempo. Se sentía diferente todo.  Aprendí a respirar y nunca olvidé cómo hacerlo. Fue el punto de partida de la injerencia de esta ciencia milenaria en mi vida.

El Yoga y el cambio que hice dejando el tabaco, los festines findesemaneros, amores dorados, plateados (y grises too).

El Yoga y mi hábito de asociaciarlo todo a sus principios, letras, historias y prácticas.

El Yoga y mi maestra Balis – Omkari (mi Lauri chiquita y ahora GRANDE)

El Yoga y la viudez de mi papi, de Lili y Silvia. La orfandad de Didi, Sean y la nuestra, por mamá, en diferentes tiempos.

El Yoga y toda la maravillosa e intensa vivencia de caminar junto, detrás y delante de nuestro papi Lucho siendo su apoyo, compañía y hasta guía en sus últimos tiempos en este plano terrenal. Una dinámica compaginada se afianzaba día a día cubriendo lo que fueron sus tareas cuando eramos infantes. Cuidarlo y al tiempo evolucionar. Doblegándonos ante el devenir incierto de las nuevas condiciones que iba presentando su cuerpo y, también su mente. Se volvía más suave, permisivo, desapegado.  Comenzamos a vivir el verdadero Yoga siendo mi papi la muestra del que adolece y no se queja, del que adolece y trasciende el dolor; lo ahoga, lo limita, lo transforma.  La vida en Yoga se hacía realidad cada día cuando al abrir la puerta, por las mañanas nos recibía con una gran sonrisa.  O cuando cantaba acompañando (virtualmente) a los artistas que más le gustaron en sus últimos tiempos.

El Yoga y la despedida a este nuevo ser inspirador que nos regaló la vida. Adiós papá.

El Yoga y la realidad virulenta que en estos 2 años nos ha dado la vuelta a los esquemas, cuerpos, mentes y emociones.

El Yoga y el poder despedir, hace 152 días a Lucas, nuestra primera mascota amadísima.

El Yoga que unirá mi alma con el ALMA, sí, así, en mayúsculas…

El Yoga que calma y reforma, transforma, repara, cicatriza, repone, sana, merma, gana, responde, construye y reconstruye.

El Yoga y la vida que tengo con esta ciencia divina, real, fructífera.

El Yoga que me hace vivir día a día con mi entorno, con lo inmediato, mi gente, mi trabajo, mi intuición. Tratando de conciliar discrepancias; logrando desapegarme de la gloria. Centrando con claridad una solución.

El Yoga y la consciencia que tengo para estar en el presente sin esperar saber a dónde llegaremos, de todos modos siempre será a buen puerto.

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